o chin - chin
Cuando amanezca veré montañas
dije anoche o esta madrugada
pero no.
Vi mar.
El que une Buenos aires
con Barcelona
en un sobre marrón
de esos con globitos
que parecen burbujas.
De alguien zambulléndose
o del brindis.
Recuerdos del futuro.
Sonó el timbre y un pendejo
sonriente de pelo largo hasta la cintura
con una sonrisa ancha como el océano
me pregunta por mi hijo.
Veo en sus manos un matasellos de España,
Vive acá? Sí , es mi hijo, sí, está durmiendo.
Hace rato lo esperábamos.
Subo corriendo las escaleras.
Lo despierto. Agarra el sobre.
Abrilo dice.
Abre un ojo.
Dos libros de Digestión Figurada
publicado en Barcelona,
los dos que le tocaron en la repartija
a Pelenbal
con sus dibujos sobre las Chorimpíadas adentro.
Mira. Sonríe.
Lo abraza y sigue durmiendo.
No vas a la escuela?
No.
Balta entre grandes
Liniers, su adorado Liniers
(su padre).
Chin chin
caramelos de la tía Darinka
para él.
Elario no entiende.
No importa.
Hay sol.
Yo debo ir a tramitar su pase para el boleto secundario.
Cinco centavos contra un peso con veinte.
Debo comprar yogur para el desayuno.
O leche y una barrita de chocolate.
Freír las milanesas con jamón y queso
que le gustan.
En la contratapa una foto que sacó su padre
con el Ratón Perez que siempre guardó
los dientes de leche de Pelenbal.
Se lo dejamos cuando nos volvimos a Argentina.
Jamón sobre él. Y una copa de vino al lado.
Salud, Pelenbal!
Parece decirle.
Prefiero imaginarlo así.
Brindando a su salud.
Chin-Chin.