-Moraleja-dijo el narrador-: la locura es una flor en llamas. O en otras palabras, es imposible inflamar las cenizas muertas, frías, viscosas, inútiles y pecaminosas de la sensatez.

Angela Gorodischer
en La resurrección de la carne.

13.8.11

Κρίστη Στασινοπούλου aeolos a ella



aeolosellosgreciagriegosmadrematriajulia

ella se levanta cada mañana
su madre
presencia y ausencia
dolor de no terminar
limbo de muerte que no llega

entra al auto
pone primera
mira hacia atrás
las sirenas no aúllan
todo está tranquilo en este mundo
ojalá lo hubiera estado antes
cuando su madre caminaba del brazo
entre los escombros de la guerra
la patria arrasada
sus amigos fusilados bajo su mirada
violaciones y cárceles

grecia prisión y barco
amor para más tarde
amor de padre que no quedó
hijos limpieza y gritos

ella llega al hospital
entra por la puerta de atrás
ya lo sabe
no hay guardias ni nadie pregunta
saluda y toma el ascensor
pasa la parte nueva
su madre está en la vieja
ahí morirá uno de estos días
cuando escuche una vez más
los labios de ella
todo lo que debías pagar
en esta vida
ya lo pagaste
nadie te persigue ya
nadie te busca
sólo el amor para llevarte
a un lugar más digno que tu vida



12.8.11

Gilda, Anne Sexton, Ataque 77 y los zapatos rojos



Hoy empezó ayer
recordando un nombre
y anotándolo rápida en el cuaderno
Sexton.


Después la lluvia
la negrura de Tarkovskiana
no me dejó buscar era una infante de ventana en ventana
fotos y películas
la lluvia 
bendición para mí animo
pero mi felicidad se acabó en un atardecer como todos
yo sólo gozo cuando no hay sol
y la oscuridad bordea a todos
nos cubre como el poderoso presagio
a una condena natural
una tormenta brutal y monstruosa
que lave lleve 
lave y lleve.


La cama y sus secretos 
me protegieron como siempre que no llego a la vida
la vida se me escapa
pero alcancé sí 
en el sueño de una tarde 
un pueblo blanco volviéndose nocturno
me escucho cantar mientras bajo de un tranvía 
en busca del amor de migajas
el de verdad lo perdí y lo sé también en el sueño
pero estoy contenta cantando como una punk
el tema de Gilda 
la que murió joven como Anne
murió bella como Anne
pero sin psiquiatras ni electroshocks.




Puedo arrancarme de tu piel
de tu mirada, de tu ser
yo siento que la vida se nos va
y que el día de hoy no volverá.


Y así como voy cantando a grito pelado
hundiéndome en la colina de unos golfistas de Escocia
rumbo al amor de migajas
así 
escucho a unos vagos cantar detrás de mi
cantar la misma canción
sólo que ellos rozan los veinte
sólo que ellos se meten en la villa del Bajo Flores
para pegar un poco de algo con que divertirse esta noche.


La coincidencia inexplicable
nos lleva en direcciones opuestas
los conozco a todos
ellos sí salieron del psiquiátrico 
no como Gilda
sino como Anne Sexton.


Pero la noche y su primavera me chupa para el campo de golf
bajo y subo paredones de piedras celtas
sé que el amor está detrás de las casas 
las que se desdibujan bajo el aire tibio 
en una sagrada estación 
la de los amantes.


Bajo los faroles franceses
sé que la absenta espera en la mesa dispuesta
sé que pronto la canción de Gilda 
dejará de salir de mi boca a grito pelado
para contonearse en el dejo de mi memoria
mientras acepto el amor de migajas
tarareando una melodía casi inaudible.




Griselda García en Zapatos rojos, escribe sobre Anne Sexton: (1928-1974) 
Anne Gray Harvey nació en Massachusetts en 1928. Se casó con Alfred Muller Sexton a los 19 años. Un año después de nacida su primera hija le diagnosticaron depresión post-parto, sufriendo su primer crisis mental e ingresando a un hospital neuropsiquiátrico. Regresaría allí varias veces, sobre todo luego de sus intentos de suicidio, que se agudizaron luego del nacimiento de sus segunda hija. Fue su médico quien la apoyó para que desarrollara el interés en la poesía que había mostrado en la escuela secundaria. En el otoño de 1957 se inscribió en un taller de poesía en donde conocería a Sylvia Plath. Unidas en una relación con matices que lindaban entre la identificación mutua y la rivalidad poética, fueron influencias la una para la otra, llegando a competir en las clases por quien escribía el mejor poema. En 1974, a pesar de su éxito como escritora -había ganado el Premio Pulitzer de poesía por su libro Live or Die- perdió su batalla contra la enfermedad mental. Luego de almorzar con su mejor amiga, Sexton fue hasta el garage, encendió el motor de su auto y se suicidó con el monóxido de carbono. Como Robert Lowell, Sylvia Plath, W. D. Snodgrass y otros llamados "poetas confesionales", Sexton ofrece al lector una mirada íntima de la angustia emocional que caracterizó su vida. Hizo de la experiencia de ser mujer un tópico central en su poesía y a pesar de soportar críticas por hablar de temas como la menstruación, el aborto y la adicción a las drogas, es evidente que su talento como poeta trascendió cualquier controversia.
Griselda García

Griselda García traduce uno de los más bellos poemas de Anne Sexton.

Wanting to die

Since you ask, most days I cannot remember
I walk in my clothing, unmarked by that voyage.
Then the almost unnameable lust returns.
Even then I have nothing against life.
I know well the grass blades you mention,
the furniture you have placed under the sun.
But suicides have a special language.
Like carpenters they want to know which tools.
They never ask why build.
Twice I have so simply declared myself,
have possessed the enemy eaten the enemy,
have taken on his craft, his magic.
In this way, heavy and thoughtful,
warmer than oil or water,
I have rested, drooling at the mouth-hole.
I did not think of my body at needle point.
Even the cornea and the leftover urine were gone.
Suicides have already betrayed the body.
Still-born, they don't always die,
but dazzled, they can't forget a drug so sweet
that even children would look on an smile.
To thrust all that life under your tongue!
that, all by itself, becomes a passion.
Death's a sad bone; bruised, you´d say,
and yet she waits for me, year after year,
to so delicately undo an old wound,
to empty my breath from its bad prison.
Balanced there, suicides sometimes meet,
raging at the fruit, a pumped-up moon,
leaving the bread they mistook for a kiss,
leaving the page of the book carelessly open,
something unsaid, the phone off the hook
and the love, whatever it was, an infection.

Deseando morir
Ahora que lo preguntas, la mayor parte de los días no puedo recordar.
Camino vestida, sin marcas de ese viaje.
Luego la casi innombrable lascivia regresa.
Ni siquiera entonces tengo nada contra la vida.
Conozco bien las hojas de hierba que mencionas,
los muebles que has puesto al sol.
Pero los suicidas poseen un lenguaje especial.
Al igual que carpinteros, quieren saber con qué herramientas.
Nunca preguntan por qué construir.
En dos ocasiones me he expresado con tanta sencillez,
he poseído al enemigo, comido al enemigo,
he aceptado su destreza, su magia.
De este modo, grave y pensativa,
más tibia que el aceite o el agua,
he descansado, babeando por el agujero de mi boca.
No se me ocurrió exponer mi cuerpo a la aguja.
Hasta la córnea y la orina sobrante se perdieron.
Los suicidas ya han traicionado el cuerpo.
Nacidos sin vida, no siempre mueren,
pero deslumbrados, no pueden olvidar una droga tan dulce
que hasta los niños mirarían con una sonrisa.
¡Empujar toda esa vida bajo tu lengua!
que, por sí misma, se convierte en pasión.
La muerte es un hueso triste, lleno de golpes, dirías,
y a pesar de todo ella me espera, año tras año,
para reparar delicadamente una vieja herida,
para liberar mi aliento de su dañina prisión.
Balanceándose allí, a veces se encuentran los suicidas,
rabiosos ante el fruto,  una luna inflada,
Dejando el pan que confundieron con un beso
Dejando la pagina del libro abierto descuidadamente
Algo sin decir, el teléfono descolgado
Y el amor, cualquiera que haya sido, una infección.

11.8.11

Océanos de basura



Ayer y anteayer, me encontré sin buscarlo, frente a frente con el tema de los basureros oceánicos.
Conocía sobre el tema, pero verlo en dos documentales , de forma casual, durante dos noche seguidas, fue realmente doloroso, nauseabundo, y por supuesto desesperante, en el sentido de que no hay acción ya que pueda llevarnos a un estadío anterior, lo que contaminamos lo hicimos ya, y aunque hoy mismo todos los productores de plástico, y los consumidores  del mismo, decidan no usarlo más, cosa por demás utópica, el hecho es que ya hemos dañado irreversiblemente nuestros océanos y con ello nuestro planeta.
Un sólo dato me dio la pauta de la brutalidad de  las cifras que se manejan.
En estos últimos 10 años se produjeron tantas toneladas de plástico como desde  su creación en 1950. Todo esto, va a parar, tarde o temprano, a los océanos.

He visto medusas , bellísimas medusas atrapadas en redes plásticos , lobos marinos pequeños con lazos de plástico al cuello ahorcándolos lentamente, plancton enredado en hilachas de bolsas de basura.
Los océanos del mundo, a la distancia y a la profundidad que se desee, contaminados por partículas de plástico descompuesto, medidas ya en micrones, o sea, imposibles de ver, pero con sustancias en ellas como para degenerar no sólo la población marina, sino la población humana por consumir agua en botellas de plástico sobre todo en el embarazo y la infancia.
He visto los basureros chinos, malasios, hindúes, con sus jóvenes rompiendo a mazazos los cartuchos de tinta de impresoras, sus pechos negros, sus pulmones con el reloj de descuento de vida, limpiando el trasero de los países "limpios" como  Alemania, Francia, Estados Unidos, quienes dejan contenedores y contenedores de barcos en ciudades que ni siquiera se pueden llamar villas miseria, como les diríamos en esta parte del mundo, son ciudades cuyos habitantes se dedican a buscar el metal , oro, estaño, sobre todo, entre los restos de computadoras en desuso. Lo que obtienen, les alcanza para no morir de hambre, pero mueren jóvenes y sus hijos mueren contaminados sin llegar a la adultez, como en pleno Medioevo.
Frente a semejante alarma, silenciada por gobiernos y políticos, me pregunto si hay tema más importante que el de proteger el planeta donde nosotros no, pero nuestros hijos y nietos, tendrán que batallar cada uno de sus días.
Recordaba el Océano Atlántico, cuando yo era chica, el tragar su agua con aquel gusto que picaba, y mis padres diciéndome: No es nada, te hace bien, te limpia! Recordaba a mi abuela, quien en la vieja Europa y durante la primera guerra mundial se contagió la tifus, diciéndonos siempre: Chicas deben ir al mar!  A mí todas las mañanas me llevaban a orillas del mar, y me dejaban ahí un rato largo, durante un año hicieron eso, y el mar me curó la tifus.
Y así, ejemplos que desfilaban pensando en un tiempo irrecuperable, pero vivido, que mi hijo ya no podrá vivir, sus hijos menos aún. Me imaginaba un vallado con cintas rojas y blancas y carteles que digan Peligro o Danger! clavados en la arena, alrededor de los mares. Y la costumbre humana. La maldición de Darwin con su célebre frase sobre el humano como animal de costumbre. Me imaginaba llevando a mis nietos a pasear por alguna isla del Egeo, diciéndoles, mirad críos, eso que está ahí, antes era transparente y azul, tanto que nos zambullíamos y jugábamos con mis hermanos, a ver quien duraba más con los ojos abiertos y sin respirar. Y escucho sus vocecitas respondiéndome incrédulos, No es verdad abuela! Nos estas mintiendo! y me vuelvo a escuchar a mí diciéndoles, No, pequeños, sólo les hablo de algo que viví en los años sesenta. Mil novecientos sesenta. Y que no supimos defender para ustedes. Ahí está. El mar de basura.

El video es del tema "el secreto de las rocas" por Kristi Stassinopulou

10.8.11

Lejos de mi sueño



A mí me queda lejos lejos
como el título de este libro
quizá no tanto después de leerlo
pero a los que anden cerca 
de las tierras alicantinas
les digo que no se lo pierdan
les digo 
el que quiera tomar mi alma prestada
la mete en su cuerpo
y participa por mí
una invitación de Aitana Carrasco
es lo más mágico que se puede pedir
aquí va:

Damas y caballeros:

les informamos que el próximo mes de septiembre tendrá lugar en Altea (Alicante) el taller de invención de álbumes ilustrados KANZUME:SEMBRAR MUNDOS PARA INVENTAR LIBROSSe trata de un encierro al aire libre, de intenso trabajo y vacaciones, de aislamiento en compañía y de otro sinfín de contradicciones que no tendrán ustedes más remedio que explorar si sienten la inexplicable curiosidad de seguir al Conejo Blanco a través de esta abrupta madriguera.

En semejante viaje, nuestro guía será, ni más ni menos, que el Gran Conejo Blanco, Socio Fundador, Presidente, Vicepresidente, Cosejero Delegado, Vocal y Bedel del Instituto de Investigaciones Escénicas Javier Sáez Castán, quien nos guiará e iluminará con su decálogo de 11 charlas sobre invéntica, orden, construcción, imágenes, técnicas, toboganes y etcéteras. Así mismo, nos animará a crear las condiciones óptimas para la invención.

Es para mí un honor haber sido elegida por unanimidad la Artista Enlatada del Kanzume, donde desarrollaré la ponencia: El emakimono: ¿un antepasado del Ipad?.

No deberán traer ustedes más equipaje que sus sueños.

Toda la información necesaria la encontrarán a lo largo de los boletines  que están en su blog, aquí al lado, donde dice Aitaneta...(no olviden llegar hasta el último, donde entran en escena las Famosas Rebajas de Verano)

La imagen de arriba pertenece al bellísimo cuento ilustrado por ella y escrito por Pablo Albo. Un libro que habla sobre la muerte y la vida, pero sin nombrarlas.


8.8.11

De cómo descubrí el por qué dejé de pintar

Creo que entre ayer y hoy batí el récord de permanencia en la cama. No fue casual haber leído el artículo sobre la mujer que cruzó el océano a la mañana. Ese artículo me motivó a hacer lo que hice. Quería descubrir cómo era el estar sola.
Muchos dirán, qué tipa miedosa. En vez de subirse a un barco, se mete en una cama. A esa gente le contesto que sí, por qué no, soy miedosa. Pero no fue por miedo que hice lo de ayer. Fue desespero. Podría alegar falta de fondos también, como ella, que decía que no le alcanzaba para comprarse un barco como la gente para cruzar el Atlántico,su presupuesto le alcanzaba para uno de plástico, del que todo el mundo desconfiaba, por su fragilidad y su pequeñez. Pero no voy a hacer hincapié en mi situación económica, porque me viene más desespero, sólo voy a decir que si hubiera tenido fondos para comprarme el barquito de plástico, no sé si lo habría hecho. Por lo tanto, lo que se me ocurrió fue aislarme en la cama, hundirme en el barco donde fui concebida, con la bendición de mis  finados viejitos  en la cabecera , como ya conté en un post anterior, e imaginándome que las luces de la calle que se filtraban a través de las persianas bajas y que se movían según pasaban los coches haciendo unos dibujos en las paredes de la habitación, imaginaba que las luces eran de otro barcos, o de boyas, o delfines, no sé. A cada luz le asignaba una cualidad. Dependiendo de la rapidez con que se desplazaba, o el grosor de su haz.
La cosa es que así planteado parece bobería, pero si uno se concentra en la situación se puede llegar a sentir agobio, y es ahí, cuando uno se enfrenta a sí mismo. Ahí cuando se le cruza toda la vida, de adelante para atrás y de atrás para adelante, hay tiempo para eso, y como decía la mujer del artículo, la mente es nuestro peor enemigo. No sólo he pasado por situaciones que jamás he querido volver a vivir, sino que me he dado cuenta de algunas cuestiones que las tenía sin resolver. Les cuento la más sencilla, para que se den una idea de hasta dónde uno puede llegar a escudriñar a solas su inconsciente.
Pensé en un momento sobre mi decisión de no pintar más que tomé ya hace un par de años, y que siempre , cuando me lo planteaba, me respondía lo mismo: tengo ganas de probar otras cosas, y no tengo tanto tiempo para dedicarle a todo.
La literatura, el cine, hasta la música, o mejor dicho el violín, se me hacen más apetecibles que lo que dominé durante años, como mi profesión más que exitosa, la pintura. El precio a pagar es alto, empezar de abajo a los cuarenta y seis no es nada fácil. Pero mejor tarde que nunca. Y así, con ese pensamiento, remataba cualquier comentario acerca de mi decisión de no pintar más.Comentario ajeno o propio.
Lo que descubrí ayer, es el por qué del momento, por qué no antes, por qué no después, y me apareció la respuesta como bordada en hilos de oro, o fuego, en el medio de la oscuridad de la alcoba.
El pintar para mí fue hacerlo a la manera que  pintaban los expresionistas abstractos, mi rechazo absoluto a lo que yo veía del mundo, la disconformidad con el rumbo de las cosas, el dolor de las situaciones vividas plasmadas en un pedazo de papel o tela, con los colores más o menos organizados, con los trazos más o menos briosos, esa era mi pintura. Después, que muchos hayan visto en ellas alegría, era para mí una alquimia que sólo pude producir el arte, yo pinto con dolor, y el que compra  la pintura siente ganas de vivir, ánimo para sonreír, gozo. Fantástico. Jamás , a no ser por los nombres de las series, jamás le dije a nadie que estaba mal lo que sentía mirando una obra mía. Sólo me reía mucho cuando el Deutsche Bank compró una obra de la serie Ahuyentando al Mono, por ejemplo, o los Anteojos de mamá, que eran los anteojos de mi madre muerta al llegar del entierro y verlos inútiles, ya , sobre la mesa.
En fin, que siempre me encantó ver esa transformación como dije antes, alquímica, que producía el otro, en mi pintura. Pero, y siempre hay un pero , dirán algunos, hace un par de años quise dejar de representar mis sentimientos a través de la pintura como si dejando de usar ese vehículo de expresión, cerrara una etapa de mi vida que no quería seguir viviendo. No que estaba arrepentida de haber vivido, para nada. Sólo que no quería más ese tipo de vida. Quería ser otra Diana, otra madre, otra mujer, otra amiga, hermana. Quería transformarme como las serpientes , en otra persona, dejar mi piel, mi casa ya la había dejado, mi amor se me había acabado, mi hijo había crecido, mis padres habían muerto, mis amigos me daban la espalda, en fin, sin entenderlo en ese momento, sino ayer, o sea dos años después, y meciéndome en la cama que me condenó a esta vida, como si fuera un barco en la negrura más profunda del abismo oceánico, descubrí, por qué mi rechazo a pintar una vez más.


No sé a quién le interesará mi experiencia, pero como cuando pintaba, a través de la palabra acumulada, yo existo y evidentemente, soy otra. No sé si la que quería ser, pero seguro seguro, nunca más la que fui.

7.8.11

Domingo



En este barrio en el que vivimos no se nota mucho que es domingo. No existe la calma de los pueblos. La extraño.
Intento fabricarme un domingo puertas adentro. Fracaso.
Miro por la ventana. El supermercado chino está abierto. Pienso que hay cosas por comprar. No tengo el coraje para obviarlas. No tengo excusas.
Salgo, y el vecino, al quien después de tres años recién conozco, está lavando su moto en la vereda. Me quedo mirando el agua que desparrama sobre la puerta de mi casa. No levanta la vista. Lo miro, quieta. Me mira. Sonrío. Él no, sigue cabeza gacha lavando su rueda delantera. Después le diré algo, pienso.
Volver rápido a casa es la consigna. Que no se malogre mi domingo.
Leí un artículo sobre una mujer de 66 años que cruzó sola el Atlántico. Ella desarrolló la paciencia frente a olas de cuatro metros. Si ella pudo con las bestias, yo también. Paciencia.
Los chinos me entristecen. Casi dejaron de serlo. Desde que llegaron al barrio cada vez son menos chinos. Más argentinos. 
Adelante, en la cola para pagar, está la mujer del diariero. El gallego le decimos. Paga rápido mientras la observo. También para ella pasaron los años. Está en esa edad que ya no le importa cómo va vestida. Le miro la espalda, curva. La papada, cuelga. En su bolsa tiene un queso mendicrim light. Pienso en el colesterol. La mujer del gallego debe tener colesterol . O está en la moda light. Laif, dice mi tía. Me encanta cuando mi tía dice laif. No tengo ganas de corregirla ni contradecirla. Es una mezcla lo que ella quiere expresar. La entiendo. Vida laif.
Compro naranjas de jugo y sé que la chica, que no es china, (me pregunto por qué nunca hay chinos verduleros ni carniceros), se aleja a buscar cambio. Tiene un trasero grande y no lo disimula. El jean se lo marca bien y tiene un bordado: This is for you. Pienso en su novio. Si es que lo tiene. Si es que le gustará ver esa frase bordada en el trasero de su chica. Por lo menos viene con el cambio y sonríe. No como el otro peregil, el de la moto, que no saluda, ni hace una mueca siquiera.
Cruzo cargada, los autos estacionados, llego a tiempo para alcanzar el otro lado del Atlántico entre los buques estacionados. Mis piernas son mi barco. Cada vez más cerca escucho la sirena de una ambulancia. 
Llego al otro lado, miro para atrás, quiero ver si conozco la empresa de ambulancias. Vital. Buen nombre. Pienso en un infarto de domingo. Cómo se complicaría todo. 
Busco al pibe de la moto para decirle algo. Ya no está. Subo y entro. La gata me mira como desconociéndome.
Intento continuar con mi domingo.Coloco las naranjas una a una en la fuente blanca. Las bananas al lado. Los colores brillan. Qué lindo que es pintar con frutas.  Las flores amarillas todavía duran. Pongo el agua para el mate y miro el calendario. Domingo. Hace tanto que no salgo. Cada vez me dan menos ganas. Me estaré volviendo como la mujer del diariero?


6.8.11

Deseo

El sol entra pronunciando las agudas sombras de los muebles sobre el piso, el olor a primavera ya se huele, las flores amarillas en el vaso  se abren cada día más. 
Sólo falta que los golpes de tu corazón sean continuos, sólo, que el aire te deje respirar.

(el dibujo es un retrato de Balta, cuando era pequeño, hecho por su padre Valdi García )

5.8.11

Sonidos


Desayuno con los chamanes.
Escucho los mismos sonidos que durante el último tiempo con mi padre.
El segundero del reloj de la cocina en su implacable avance,
la chuchara revolviendo infinitas vueltas contra la taza gruesa,
el chasquido ínfimo de las páginas del diario,
y las mandíbulas masticando con dificultad y esmero.
Esto es  casi, la felicidad.

4.8.11

En esta casa, el tiempo



En esta casa existe un ritmo que no se puede contrariar. El despertar duele cuando uno intenta moverse rápido como un halcón.
Hay que emular a los gatos y hacerle creer al tiempo que uno no tiene prisa.
Por ejemplo: el agua sale sólo después de haber encendido el calefón y constatar que la presión es suficiente como para ducharse, lo que supone un ida y vuelta al baño varias veces hasta lograr el punto deseado de la temperatura.
Si el agua, que está viva! eso se los puedo asegurar, si el agua no quiere, no sale por la ducha. Entonces se debe intentar con la canilla de abajo, ida y vuelta al calefón, controlar la temperatura  y si el agua quiere, que está viva! lo aseguro una vez más, si el agua quiere, sale en un chorro más o menos abundante como para sentarse en la bañera mientras el chorro le acaricia a uno la espalda, y hablo de caricia porque el agua es como una madre en esta casa, si se le tiene paciencia, ella, por más vieja que sea, nos acaricia y lava.
Después viene el asunto de las persianas, a las que no se puede urgir si uno quiere que la luz del sol embriague los cuartos, las persianas son ancianas mujeres de setenta años, sólidas y nobles, pero requieren cierto tiempo para ser subidas sin ser molestadas.
Si alguien osa apurarlas, se fastidian, y quedan a mitad de camino, o se salen de su eje.
Entonces la prisa que uno les metió en su acción se vuelve en contra, pues hay que tomarse el tiempo de buscar algún destornillador y lentamente sacar el taparollo subiéndose a un banquillo escalera. Recién entonces con los tornillos en una mano, destrabar la madera y quitarla, acomodar a la persiana-dama en su eje, y desandar lo andado.
Con el sol entrando a pleno, se ve por fin a la gata, a la que antes sólo se escuchaba,
porque la gata es dorada como el sol, cuesta verla si no le da la luz de la mañana.
Ella, como todos, quiere comer, pero está tan acostumbrada a la casa, que no prueba bocado hasta que no se le dedican un par de minutos a acariciar su escondido cuello, su pequeña cabeza o su gran panza. Recién entonces es cuando se pone a batir sus mandíbulas, dejándole a uno libre para otras tareas.
Si hasta ese entonces no ha aparecido la chamana de la casa, la tía de pelos largos y blancos recogidos en un rodete, dedos curvos e hinchados por la humedad y sonrisa de niña de posguerra, entonces las plantas comienzan su aleteo, imperceptible para los que no habitaron nunca este sitio, pero potente y hasta molesto para los que sí. Ellas también son sabias y están regidas por la pachamama aunque vivan en macetas. Cada  una tiene su historia. Y con la sapiencia que llevan en su savia, saben esperar su turno para recibir su alimento, antes de que la chamana aparezca o después de que se haya ido. El agua que más les gusta no es el agua que sale de la canilla, no, su agua es la que reposa durante la noche al sereno, y decanta escuchando el ruido de la ciudad apagándose, los cuchicheos de los amantes del pasaje, el chirrido de las ruedas de los carros cartoneros. Ese agua es la que más les gusta. Por eso agradecen con su verde brillante y sus pequeños brotes que uno se las consiga, pero para eso es necesario el uso del tiempo.
Después viene el mate, el desayuno de cada día, los diarios digitales comparados y contrastados sus titulares, las cartas de los amigos o enemigos, la primera escritura del día, sin correcciones para drenar el alma.
Recién entonces ,se podría decir, que uno está preparado para la batalla del afuera. Pero eso demandaría otro tiempo más para contarlo, y ya es el mediodía pasado. Pronto se despertará el más pequeño de la casa, y llenará los silencios con los acordes de su acordeón recién estrenado. Y sin decirlo, reclamará comida abriendo una y otra vez la heladera, y se encontrará que no hay nada en ella, porque no he salido de compras, estuve librando la primera batalla del día, la del ritmo interno de las cosas sabias.
No encuentro otra forma de vivir en esta casa. Cualquier consejo es bienvenido. Eso sí, háganlo con tiempo.

2.8.11

Calacas

Por qué ese símbolo ahí, justo ahí? Sabés lo que significa?
Claro que sé, por qué?
Porque no me gusta que pintes calaveras.
Por? La muerte no es mala para los mexicas.
Ya lo sé.
Y entonces, por qué no te gusta?
No sé. Es lo mismo que un tatuaje. Con calaveras.
No es una calavera, es una calaca.
Bueno calaca.
Mirá voy a llenar toda la habitación de calacas. Además me gusta la palabra: calaca, tiene ritmo. Decilo.
Calaca.
Decilo con ganas.
Calaca.
Bien, ves?  Tiene una cosa, rítmica, buena calaca calaca...cómo la terminarías a esa?
A ésta? La de la cabecera?
Sí. A esa.
Con flores.
Dale a ver.
Dame un lápiz.

Y sonrió. Yo también. Le terminé toda la calaca sobre su cabecera. Le dibujé flores en los ojos. Corazones. Más flores. Estrellas. Lágrimas. Más flores. A qué le tenía miedo yo? No lo sé. Quizá a ese corazón detenido por momentos. A jugar con fuego. A recordar más todavía el asunto de la muerte.

No es mala la muerte, ma.
Pero ya lo sé, si yo te lo enseñé, qué me venís a contar ahora?
No sé, digo, te veo rara.
Estoy preocupada, no rara.
No podés estar preocupada por algo que siento yo.
Quién te dijo que no. Cómo se nota que no tenés hijos.
Bueno, digo, está bien que te preocupes, pero no vas a solucionar nada.
Ya sé.
Y bueno.

Sonó el timbre. Puse la pava al fuego. Preparé el mate. Miré el brillo de la pava. Mi reflejo deformado bajo la luz del spar. Una calaca rubia. Con anteojos. Comencé a alejarme y a acercarme hasta que la pava comenzó a silbar.
Oía sus risas y la música. La dentadura de varias calaveras mexicas me bailoteaban alrededor. La gata restregaba su morro contra mis talones. Encendí un cigarro y eché el humo. Las volutas parecían los dibujos entre las flores. Esos que hacía un momento, le causaron gracia.

Como las uvas viste?
Ah, pensé que no tenías más ganas de dibujar, sonrió.
No. Son como los rulitos de las vides.
Tá bueno, dijo con brillo en los ojos.

No sé si está bueno fumar. No sé si está bueno vivir. Morir. Dibujarle una calaca en la cabecera de la cama de tu hijo. No lo sé. Es inevitable, me había dicho mi hermano a la tarde. No te pongas mal. Ya lo sé. La inevitabilidad la conozco. Por eso me dejo estar. Por eso paso horas en la cama mirando el techo. Por eso mi mente divaga sin parar cuando todo está quieto. Y veo el sol ponerse y el sol salir. La lluvia caer y sonar. El viento ulular. El frío. Cuántos indignados se habrán juntado hoy en España. Cuál será la transa de Obama para no declararse en default . Quién estará llegando hoy a Ezeiza y a qué hora se tomará el avión mi hermano mañana. Quién se besará por primera vez y quién ofrecerá muriendo el corazón para el transplante. Cuándo tendré fuerza para caminar sin miedo hacia donde quiero ir.
Miro el cuadro que tengo en la cabecera de mi cama. El rostro de mi madre muerta , pintado por mí, para la muerte de mi viejo. Calaca sobre calaca.
Me río.

31.7.11

A girl and her dog

Desde hace unos días tengo cable. Gracias al gobierno argentino, es la primera vez que tengo cable. Muchos dirán que es un cable recortado, acotado, censurado, que tiene unos veinte canales solamente... ¿Y qué? Yo siempre tuve tres o cuatro de aire. He ganado unos 16 ó 17 que me permiten jugar a hacer zapping, aunque siempre termine viendo la trasnoche del siete, la TV pública , con su Filmoteca que es lejos, pero lejos, mucho mejor que cualquier  programa de la FOX, de la MTV, de WB, o como se llamen...
La otra noche vi una película impresionante sobre un perro y su amo, el amo era Don Jonhson, cuando era pendejo eh?, para que se ubiquen uno de los dos protas  de División Miami , y el perro, un perro de esos peludos, simpáticos y mugrientos, le buscaba mujeres y le avisaba de los peligros. Se comunicaban mentalmente. Por supuesto el perro era mucho más inteligente que él,hasta le corregía la gramática,  me hacía acordar un poco a los Houyhnhnms de Swift. O a mi hermana gemela cuando me corrige si uso mal el potencial. En fin, una joya absoluta en la medianoche. Un muchacho y su perro , A boy and his dog el título original. Ambientada en un mundo apocalíptico, que me recordaba cuando le hice una entrevista  a una sobreviviente de Hiroshima, Rieko Wada. No sé si la publiqué en alguno de mis tantos blogs, pero bueno, era así, había una tierra devastada, y por debajo un mundo, donde se vivía. Mal, pero se vivía. O sobrevivía, mejor dicho. Se preguntarán por qué hablo de esta película con tanto ahínco. Porque me asombró el año en el que está situada: 2024...tan cercano ,no? El apocalipsis a la vuelta del calendario.

Hoy , cuando sonó el teléfono y atendí , venida del mundo más feliz del inconsciente, era mi hermano, recordándome mi sentido cívico, vamos a votar Diana? , se me apareció el perro, diciéndome : Oye, no sé para qué tamaño esfuerzo, si de todas maneras va a ganar el otro. Y terca cual Don Jonhson adolescente, le contesté: Tú espérame aquí, vale? .
Sabía que al adolescente no le fue nada bien cuando le dijo eso al perro, pero todavía me cuesta creer definitivamente en mi intuición.
Volviendo con mi hermano de la votación me di cuenta que no era yo sola la que estaba sin esperanzas con el resultado, había como un apocalipsis vecinal, una moral devastada de ilusiones, la ceniza chilena sobrevolando la mañana de sol, haciéndola aún más fría, los coches dando marcha atrás en cualquier sitio, como si diera lo mismo chocar o no, los comerciantes, recién algunos, levantando sus pesadas cortinas metálicas, más empeñados en quitarse las lagañas de sus ojos que de abrir un día de votación, que saben que algo, mínimo aunque más no sea, van a poder vender. Faltan seis horas para el fin de la votación. El barrio está lleno de zombies, autómatas que como yo, fueron y metieron el sobre en una caja de cartón.
Miro los afiches del candidato, sonriente, recuerdo su culo moviéndose al ritmo de la música, contento, escucho a mi hermano decirme, en Europa están peor. Bajo del coche, saludo al peluquero que hoy trabaja , como siempre, recuerdo que en esa peluquería mi padrino tenía una librería y mi padre trabajaba en ella, hoy hacen claritos y alisan el pelo, depilan definitivamente, y tratan la celulitis.
Entro en mi casa, y escucho al perro de Don Johnson adolescente: ¿podrías lavar los platos y hacerte el desayuno, no?  ¿Me serviría de algo?, le contesto.  Tienes los cables cruzados, lo más importante para tu supervivencia lo consideras inútil, y lo inútil lo consideras un deber...Haz lo que quieras, me dijo mirando para otro lado.
Prendí el fuego y puse la pava.

30.7.11

pasar por alto las ventanas abiertas


La idea la había tomado de la película Conversación Nocturnas, un documental sobre la pianista Marta Argerich, que había visto en la pantalla de la tevé pública. Dormir de día. Esa era la solución. No tener que soportar el trajinar de las familias bien constituidas, las gitanas augurando un buen futuro, los comerciantes de la zona, algunos, prósperos , otros, recién llegados al barrio que prometía, como prometían los militantes de la esquina, disfrazados de gauchos y con globos amarillos que inflaban dentro de una camioneta pintada de amarillo oro.
El sol doraba toda la escena como los arcos del mac donald que engullían y escupían gente, un poco más allá , en la otra cuadra de su piso.
Lo único que le gustaba eran las flores de Hugo el florista, pero últimamente hasta ellas era truchas, estaba viejas, no eran flores frescas. Para comprar flores frescas había que irse por la vereda de la sombra, hasta La Praderita, tradicional casa de pastas del barrio. Ahí en la puerta había otro puesto de flores, que estaba mejor surtido: de ahí las flores duraban más, aunque la mujer del dueño era medio antipática, cuando estaba el hombre solo, le redondeaba los precios, y la verdad que comparándolas con las de Hugo , el florista de la esquina , no tenían ni punto de comparación.
Así que se hizo fuerte para soportar todo ese trajinar de sábado a la mañana, se levantó de la cama, y se propuso llegar hasta la casa de comida para gatos, comprarle un bolso de piedritas absorsol, paquete negro, que le había dado buen resultado cuando se fue a principio de año a pasar el invierno a Alemania, con dos bolsas de esas, la gata anduvo lo más bien. Y otro tanto con el alimento, el Vital Can era más barato que el Royal Canin, y sin embargo la gata parecía bien alimentada.
Así se puso la campera francesa, la de la nieve, sobre el piyama verde loro, y salió, dispuesta a conseguir todo rápidamente, y volver con los azufres, que eran parte de la lista. Las barras de azufre que le sacarían el dolor de espalda y por ende el de cabeza. Compró cinco, por suerte no se encontró en el camino con la gitana que siempre la mangueaba, se hizo la simpática con un par de vecinos y estuvo a punto de comentarles a los de la perfumería, que tenían un cartel Busco cajera con experiencia, que ella estaba sin trabajo, pero que experiencia como cajera, más allá de su trabajo por cinco meses en el Casino de Lanzarote, controlada por cinco cámaras, no tenía, pero que estaba segura que podía poner mucho más empeño en hacer ese trabajo que cualquiera que tenía cuatro o cinco negocios como referencia para hacer un buen CV y ser tomada. Entonces recordó su plan . A Marta Argerich, diciendo que dormía de día y vivía de noche. Nadie le podía discutir nada, Marta representaba la cultura y era admirada en varios idiomas desde sus quince años, no  importaba que le tiemblen las piernas del pánico, no importaba que no tuviese amigos y se aburriese soberanamente dando conciertos por todo el mundo, sin gente joven a su alrededor, la cosa era que fue y es ,una pianista consagrada, y como si fuera poco, argentina, y como si fuera poco, no se teñía las canas , ni hacía dietas, ni nada, sólo era ella, después de mucho sufrimiento, de cortarse con un filo un dedo para no dar un concierto, de inventar excusas para no enfrentarse a situaciones que  leyendo a Gide se le presentaban como dignas de ser representadas.
Marta le había dado la idea, y no podía fallar. Ella tampoco se bancaba la luz diurna, ella quería desaparecer de la faz de la tierra, lo más sutilmente posible. Lógico que debía cumplir con deberes de madre soltera, eso lo tenía bien claro, y aunque la gata no fuese suya , sino de su hijo, también debería ocuparse de eso, si no quería que la despierte varias veces durante el día reclamando comida y piedraas para mear.
Así que tomó coraje y salió, con un gorro que la ocultaba, tenía, o le parecía, un rostro desfigurado por el llanto.
Compró todo y más, hasta un jabón de rosa mosqueta que no necesitaba pero que le dio tanto placer al olerlo que se lo regaló a sí misma.
LLegó y dejó todo sobre la mesa de la cocina, viendo en lo que se había convertido su casa durante los dos días que ella decidió quedarse en la cama, para recuperarse de su malestar: un asco.
Y ahí le vinieron ganas de llorar, miento, antes, al hablar con su hijo de los hombres y la obligación de soportar a las mujeres en su período , o su SPM, da igual, no podía creer haber educado a ese hijo, lo veía tan machista como la mayoría de hombres que ella aborrecía, dónde había quedado lo sagrado de la menstruación de las mujeres, ese estado de revolución hormonal que ninguna de nosotras queremos pero que viene tan inesperadamente como se va, y que nos vuelve frágiles, histéricas, desconfiadas, lloronas, a punto de sentir que no servimos para nada, absolutamente para nada.
Por eso, después de la charla lo hizo tender ropa, se aseguró que sepa centrifugar como corresponde, no sea que las pastillas  sean más poderosas de lo que ella imaginaba, le dio dinero para pasar dos días y poder comprar víveres, morir de hambre no moriría, eso estaba asegurado, y le avisó, que probablemente no despierte hasta el otro día, no tenía por qué, no había motivos. La gata y él tenían alimento asegurado, hacía frío, mucho frío, no tenía que trabajar, no tenía ningún compromiso con nadie. Vivir estaba demás. Así que se tomó sus pastillas, en un dosis que sabía perfectamente no la iban a matar, pero tampoco sería fácil despertarla, el domingo debía votar. El dormir debía extenderse hasta entonces, aunque no tenía ninguna esperanza de ganar, no dejaría que ese voto fuera para el candidato que odiaba con toda su fuerza, tan estúpida era, tan imprescindible se sentía, como si un voto más, un voto menos, podría cambiar el resultado de una elección que ya estaba resuelta. El efecto de las pastillas pronto comenzó a notarse y como en el quirófano, comenzó a sonreír. Al final, con poca surte, despertaría de noche. Y la vida no era tan peligrosa a la noche como a la luz de sol.

29.7.11

Los ayudantes de mi caída y mi renacimiento




rojo sol luna cruel
papi nunca va a volver
nada es tuyo de verdad
ciérralos duerme ya
si muero  mientras dormís
no te pongas a llorar
nada es nunca lo que ves
escalá hacia lo que soñés
si muero mientras dormís
no te pongas a llorar
ciérralos
duerme ya

Esta nana, desde que la escuché en el Torcuato Tasso, el sábado pasado, cantado por Dolores Solá acompañada por su marido Acho Estol, no dejó de sonar, obsesivamente, como la luna cruel de la que habla, se reprodujo una y cien veces, hasta que me hizo surco en el alma. Algo había en ella que me hizo sacar la cámara del bolso y hacer lo que nunca hago, registrar en vivo un tema. No me gusta, no por lo derechos de reproducción a los que jamás le doy bola, porque no se puede comparar el escuchar a La Chicana en vivo, a escuchar su disco con ver mi estúpido video, para nada, sería, como dice Zaffaroni, el juez que acusan de tener un prostíbulo, sería débil mental si lo pensara.
La cosa es que ese recital fue el que abrió la puerta que me hacía falta. Después de  siete meses de búsqueda, de siete cabalísticos meses de demoler muñecos, de golpear manos y que nadie salga del rancho, meses en los que quedé enfrentada a mi conciencia, a mi más absoluta soledad, desencantada de hermanos a los que les pedís trabajo y se hacen olímpicamente los boludos, amigos que te dan la espalda, gente que no tuvo nada que ver en lo que pudo haber sido el detonante de toda esta historia, pero la voz corrió y hubo pocos saben  lo que dice la nana del principio, nada es nunca lo que ves, un caso de amor más, con mucha diferencia de edad, se convirtió en un crimen, por el que debo pagar quién sabe, hasta el fin de mi vida.
Decía antes que en estos meses, de volver sí, a encontrarme con los amigos verdaderos, esos que siempre estuvieron , más allá de la fama efímera, del éxito de mercado, esos que te quieren por tu esencia y no por la botella de champagne que le llevás a la fiesta, esos que lloran con vos o te pegan un revoleo  cuando te ven con el rouge corrido , decandente máscara de lo que una vez fuiste, esos, de fierro, tremendos cachos de fierro que no te sueltan ni a sol ni a sombra, esos son pocos, muy pocos, y de una u otra manera en general, están ligados a tu infancia, o a tus principios, cuando como dice la nana una vez más, escalás hacia lo que soñás, y no tenes delirios de grandeza, ni te la crees, sabés que lo que hoy está encumbrado en un palo dorado cae mañana por un feroz viento del sur, y se rompe en mil pedazos, y nadie te va a ayudar a juntar los pedacitos de muertes y vidas , historias de renuncias y decisiones que subiste ahí, bien en lo alto, para que todos vean y digan ohhhh... Es entonces como cuenta Maradona, a quien amo profundamente porque un tipo que le da tanta alegría a un pueblo, tanta, que aparece en un afiche de un bar de una reproducción de la ciudad de Yemen, en el Deustches Museum  de la ciudad de Munich en el año 1987, una de las situaciones más surrealistas que vi con mis propios ojitos, cuando aún no necesitaba anteojos, pero no tenía una cámara de video, ni siquiera una de fotos para demostrar la fuerza de ese personaje que atravesaba tantas barreras en una época en que la internet estaba lejos de ser un ayuda memoria más en nuestra vida, y decía entonces que un tipo que tanta alegría le dio al pueblo argentino, más al de Yemen más al alemán, por lo menos en este caso que cuento, no se merece ser tildado de drogadicto, o arrogante, es un tipo que vivió lo peor de lo peor, pasó a vivir como un rey a quien se le abrían todas las puertas, y de repente a ser un degenerado que sólo toma cocaína. Eso me duele, la estigmatización de la gente por la gente misma, el cerrar puertas en tus narices, porque una vez en tu puta vida no hiciste lo que se suponía debías hacer, le fallaste a la sociedad, le clavaste un puñal a las buenas costumbres, viviste con ganas arriesgándote mientras los  que te acompañaban hasta entonces dijeron no, mucho para mí, no. Por eso, aunque se podría decir que mi caída comenzó el día que vi Man on wire, un funámbulo que cruza sobre un hilo, sin arnés? preguntó BTZ, sin arnés querido, sólo con un palo, camina en el cielo sólo con un palo de una torre gemela a la otra, cuando todavía estaban, y no sólo lo cruza ocho veces, qué digo, se arrodilla, se acuesta en el palo, a 450 metros de altura, y se da el gusto de llegar a una punta casi casi al alcance de los guardias que lo querían sacar de ahí, y pegar la vuelta, volver a caminar para el medio, ese medio que pendulaba por el viento, sobre el abismo,al cual nadie soportaba animarse, ese medio sólo para locos, soñadores, utópicos, que desafían todas las normas de la sociedad, sin armas, sin violencia, sin campañas sucias. El día que vi esa película, algo me impulsó al abismo, y yo que sufro de vértigo, sentí que cada uno en sus acciones contestatarias, estamos ahí, en el medio de ese hilo, de esa soga, que une dos torres gemelas de edificios construidos para demostrar poderío, y que más tarde, como en una tragedia griega, serían destruidos por la ira de los que detentan el poder más bajo, el de creerse que  con el miedo se dominan pueblos, el poder de las potencias mundiales, que ya sabemos todos a esta altura, son tan endebles que pueden entrar en default como cualquier país subdesarrollado, como se decía antes, o países en desarrollo como se dice ahora.Pero todavía debían sucederse una cadena de acontecimientos en mi vida , para llegar al punto de darme cuenta de mi caída, todavía no estaba del todo claro, no había suficiente luz para mostrarme el pozo en el que yacía, o todavía creía que como en la película 127 horas, tenía agua para rato y alguien me rescataría, sacándome de encima del brazo la piedra que me lo aplastaba. Y así, en cuestión de días nomás, fui sujeto de varios empujones hacia el final, hasta que ayer a la noche vi una película recomendada por el amigo de un amigo, para ilustrar lo que se le rondaba en su cabeza, desde el momento mismo en que leyó el guión del largo que le mandé para que leyera, esa película fue Caótica Ana, de Julio Medem, y si bien hay situaciones que no entiendo por qué no las quitó , situaciones que están , para mí, y siempre para mí, demás en esa historia, hubo algo que me recordó otro algo cuando la terminé de ver, y me fui a la cama, no sin antes buscar en la biblioteca un libro que me regaló mi viejo, mejor dicho, EL único libro que me regaló mi viejo, ya siendo adulta yo, y viviendo rodeada de  saharahuis, en la isla volcánica de Lanzarote, un libro que me trajo mi hermana hasta Alemania, con una dedicatoria de mi papá aún vivo, que dice, con cariño para mi hija Diana, papá Maximiliano, y está firmado con esa firma aprendida en Argentina, al llegar, a sus diez años, y cambiar de un día para el otro su idioma, y aprender que debía firmar con su nombre completo oculto tras un garabatear de líneas curvas que  seguro el no sabía se asemeja al símbolo de infinito, repetido varas veces, hasta que la birome comandada por su mano hacía una colita hacia abajo demostrado  ya  que la firma había sido acabada. Ese libro es Mujeres que corren con lobos, y la recomendación vino de mi propia hermana, Alejandra , que supongo en esa época admiraba mi osadía, y mi libertad, tanto como después la criticó, cuando me enamoré de quien no debía haberme enamorado, como si el enamoramiento se pudiera controlar.
Cuando me iba a la cama con el libro bajo el brazo , dispuesta a encontrarme con lo que el destino me quisiera dar a leer, abierto el libro, no por el principio, sino al azar, recordé una vez más que la película, hablaba de una mujer que hablaba por muchas otras que ya no tenían voz. Y recordé también, un viejo texto mío, en stand by, con el que inicié una serie de entrevistas a mujeres golpeadas por la vida de una forma brutal, lo busqué y vi su fecha, lo escribí un 23 de agosto, oh casualidad! de hace ya cinco años, el principio es este:
Siento que mi sangre ruge para ser escuchada.
Mi sangre hoy, guarda  la voz de muchas. La mayoría desconocidas para mí, pero no para mis venas ni para mi espíritu.
Debo comenzar esta tarea antes que sea tarde.
Dar puntada tras puntada, uniendo retazos.
y termina la presentación así:
Por todas ellas , para conjurar nuestro espanto, es que comienzo estos relatos, que ojalá sirvan para mitigar lo que sabemos, más tarde que temprano, a juzgar por los acontecimientos, algún día acabará .
Ese fue el comienzo la punta del hilo de Ariadna, un laberinto en el que me metí, como la caótica de Ana de Julio Medem en su film sin desearlo, sólo por la tremenda necesidad de hablar por ellas, aquellas temerarias y benditas mujeres que corriendo con los lobos, no pudieron ser domesticadas. Y abrí el libro, en cualquier página, y me encontré con este párrafo del análisis del cuento de Vasalisa , cuando a la vuelta de su viaje iniciático porta una calavera que le entregó la Yagá, la bruja salvaje, para que alumbre su camino:
Ha atravesado la oscuridad prestando atención a su voz interior y ha podido resistir la contemplación del rostro de la Bruja, que es una faceta de su propia naturaleza,pero también la poderosa naturaleza salvaje. De esta manera puede comprender el temible poder de su propia conciencia y el de la conciencia de de los demás. Y ya no dice, le tengo miedo...Vasalisa regresa a casa con la temible calavera ensartada en un palo...una temible luz emana de los ojos, los oídos, la nariz y la boca de la calavera...lleva la llama de la sabiduría;posee unos sentidos despiertos. Puede oír, ver, oler, y saborear las cosas...por un instante Vasalisa se asusta del poder que lleva...la mujer que recupera su intuición y los poderes yaguianos llega a un punto en el que siente la tentación de desecharlos, pues ¿de qué sirve ver y saber todas estas cosas?. La luz de la calavera no tiene compasión. Bajo su resplandor, los ancianos son unos viejos; lo bello es lujuriante; el tonto es un necio...
Y así apagué la luz, no la de la calavera de Vasalisa, de Ana, de Ingrid, o Diana, la luz que me posibilitó el sueño , hurgar en esas cavernas temibles de la intuición que en mi caso, la mayoría de las veces, me avisan lo que va a suceder, de un modo crudo y bestial, sólo que yo, como una tierna Vasalisa, antes de descubrir el poder de la Yagá y de llevar bien alto la calavera, fingía olvidar, para poder sonreírle al mundo, y ser aceptada como una más.
Por eso, el sábado pasado me reencontré con una parte mía dejada en el Bar Británico frente al Parque Lezama, el domingo estuve al lado de la moribunda madre de una amiga de la infancia, por eso pude renunciar esta semana a ser lo que los ayudantes de mi caída querían que fuera. A la luz de la pronta calavera, que soportó pelotones de fusilamiento, cárcel y violaciones, exilios y amores imposibles, algo comencé a ver. La semana con sus causalidades, hizo lo demás.
Un tropezón, no es caída.


Si muero  mientras dormís
no te pongas a llorar
nada es nunca lo que ves
escalá hacia lo que soñés
si muero mientras dormís
no te pongas a llorar
ciérralos
duerme ya.

Letra de  Lullaby, de Tom Waits, adaptada al castellano por Acho Estol, y cantada magistralmente por Dolores Solá.
Voilá!

23.7.11

estoy bien, en una cama deshecha



Así decía la canción
así
mientras le caían los mocos al protagonista
así se juntaban quien vomitó frente al vacío y
quien no pudo decir lo que fue a decir
así
y así está bien
y estoy bien
cantaba la mina de la canción
y yo también
entendí por fin que era lo que me pasaba
no era una foto más o menos en el feisbuk
ni una pasta ni nada de eso
era ese estado de adolescencia
que no me dejaba de acompañar
ni aún siendo una vieja ama de casa con hijos y nietos
cercana a la menopausia
que pasaba sus días pensando en la nada
contándole sueños a las almohadas
dejando que las camas hablen
contesten los personajes de películas
y armen una vida paralela mucho más
nítida y feliz que la que llevaba
extrañando
siempre extrañando ese estado de adolescencia
del que nunca había podido salir

estoy bien
mi tía era una hermosa mujer que recordaba
empanadas rellenas de corcho para el amigo desprevenido
y sombreros que volaban hacia el cielo
cerca del palacio de la papa frita

mi tío pedía sólo una foto del nieto que no tuvo
y no le llegaba
tan siemple era su pedido que no se tomaba en cuenta
pero entonces para mí era muy simple resolver eso tan
pendiente desde hacía años y hacerlo feliz al pobre
que lloraba porque yo le había lavado los platos
en la fiesta del hijo
que cosa tan simple qué potenciada estupidez me hacía sentir
viva y fuerte
despreocupada de otra cosa que no sea dejar contento a mi tío
que recordaba cuando yo les di la sorpresa a todos
naciendo tras mi hermana o 18 minutos después
cuando nadie me esperaba
y qué feliz que fue él me decía y que raro yo
ser casi tan ingenua como ahora
pensando que todos me esperan y nadie está del otro lado.

I'm fine.
Estoy bien. Claro que sí.

Me veía retratada en una película de jóvenes londinenses
funámbulos entre el bien y el mal
entre la soledad y la compañía hueca
entre la risa y el dolor.

Cuantas veces no pude explicar lo que sentía
y alguien por mí lo hizo
tan sencillo como eso
varios ocupas varios colchones
y tantas camas como años en la vida
despertar y no recordar qué pasó ayer
renunciar a un trabajo
y por fin encontrar una foto que uno mismo sacó
en un afiche callejero que esconde nuestro futuro salto de paracaidista
al amor
siempre saltando al amor con un paracaídas que
no se sabe si se va a abrir a tiempo.

20.7.11

La imaginación al poder

...cómo para que no te odiaran, cuando el mayor pecado que puede cometer un hombre por estos pueblos no es matar a otro hombre, robar, ser confidente de la policía, convertirse en cuatrero o asaltante de banco, sino eso que vos hiciste sin saberlo: despertar la imaginación de la gente...
Kincón, Miguel Briante, Sudamericana 2005. 
No sé si fue eso, lo que me llevó desesperadamente a meter mis manos en la tierra.
Quizá fue el sueño de antes. De antes del mate, de escuchar el agua entrar en la pava, hoy hay agua , qué suerte, pensé, y enseguida lo escuché . Eso que no sé qué fue. Eso que me hizo dejar la pava despacio. Buscar los anteojos. Moverme hacia el comedor tan sigilosa como la gata.
Fui derecho a la maceta, le falta un riego pensé, después me ordené: ahora buscá. Y busqué. Tanteé la tierra así, como por arriba, hojas secas, nada más, dónde estás, mierda, dónde. Llevé la maceta a la cocina. El corazón lo sentía, claro que lo sentía. No era dolor. Era presagio nomás. Algo iba a encontrar. ¿Lo soñé? . No sé, lo escuché seguro, después del agua en la pava, algo sonó allí, en el comedor, en la planta esa, las plantas no hablan con voz de hombre, bah, las plantas no hablan. Punto. Y qué fue lo que escuché para estar sacando tierra un domingo a la mañana, tierra negra sobre el mantel, así, medio seca al principio, húmeda después. Vos seguí, no te entregués. Seguí. Separé las plantas con sus raíces, para que no vean, qué estúpida, si estaban en la misma maceta de donde salió la voz. La voz no salió de la maceta, fue del comedor. ¿cómo del comedor, si no hay nadie, qué va a salir de las paredes? Me dio risa pensar en Poe. Nervios bah, risa, lo mismo. Toc. Ahí va, acá está. Entré más la mano como un pequeño arado. Saqué un trozo de algo duro. Lo lavé. Brilló el color amarillo, verde, rojo, azul, qué mierda es esto? Volví a la maceta, otro toc. Y otro. Cinco tocs. Pedazos de cerámica , de piso, qué sé yo, todos con un lado amarillo, rojo, verde, azul. Lindos. Eran lindos. Los lavé. Los puse a secar cerca de la ventana, al sol. La última vez que fueron tocadas. Eso fue. Quién. Papá. Antes de su muerte. Allí las puso, y de allí las saqué hoy. Dos años después. Me dio risa. ¿Esto era? Y sí, qué. Qué esperaba encontrar. ?¿Guita? ¿Un mensaje oculto desde el más allá? Un papel diciendo te quiero poligriya?...Eso ¿no?, pero no. Cinco piedras de colores. Como las que les daba Colón a los indios a cambio de la plata. Ni vidrios,siquiera. Cerámica. Pum. Toc. Así de cruel se me viene dando la vida. Una vez que me engancho en algo. Prendí el fuego. Puse la pava. Y esperé.