-Moraleja-dijo el narrador-: la locura es una flor en llamas. O en otras palabras, es imposible inflamar las cenizas muertas, frías, viscosas, inútiles y pecaminosas de la sensatez.

Angela Gorodischer
en La resurrección de la carne.

30.7.11

pasar por alto las ventanas abiertas


La idea la había tomado de la película Conversación Nocturnas, un documental sobre la pianista Marta Argerich, que había visto en la pantalla de la tevé pública. Dormir de día. Esa era la solución. No tener que soportar el trajinar de las familias bien constituidas, las gitanas augurando un buen futuro, los comerciantes de la zona, algunos, prósperos , otros, recién llegados al barrio que prometía, como prometían los militantes de la esquina, disfrazados de gauchos y con globos amarillos que inflaban dentro de una camioneta pintada de amarillo oro.
El sol doraba toda la escena como los arcos del mac donald que engullían y escupían gente, un poco más allá , en la otra cuadra de su piso.
Lo único que le gustaba eran las flores de Hugo el florista, pero últimamente hasta ellas era truchas, estaba viejas, no eran flores frescas. Para comprar flores frescas había que irse por la vereda de la sombra, hasta La Praderita, tradicional casa de pastas del barrio. Ahí en la puerta había otro puesto de flores, que estaba mejor surtido: de ahí las flores duraban más, aunque la mujer del dueño era medio antipática, cuando estaba el hombre solo, le redondeaba los precios, y la verdad que comparándolas con las de Hugo , el florista de la esquina , no tenían ni punto de comparación.
Así que se hizo fuerte para soportar todo ese trajinar de sábado a la mañana, se levantó de la cama, y se propuso llegar hasta la casa de comida para gatos, comprarle un bolso de piedritas absorsol, paquete negro, que le había dado buen resultado cuando se fue a principio de año a pasar el invierno a Alemania, con dos bolsas de esas, la gata anduvo lo más bien. Y otro tanto con el alimento, el Vital Can era más barato que el Royal Canin, y sin embargo la gata parecía bien alimentada.
Así se puso la campera francesa, la de la nieve, sobre el piyama verde loro, y salió, dispuesta a conseguir todo rápidamente, y volver con los azufres, que eran parte de la lista. Las barras de azufre que le sacarían el dolor de espalda y por ende el de cabeza. Compró cinco, por suerte no se encontró en el camino con la gitana que siempre la mangueaba, se hizo la simpática con un par de vecinos y estuvo a punto de comentarles a los de la perfumería, que tenían un cartel Busco cajera con experiencia, que ella estaba sin trabajo, pero que experiencia como cajera, más allá de su trabajo por cinco meses en el Casino de Lanzarote, controlada por cinco cámaras, no tenía, pero que estaba segura que podía poner mucho más empeño en hacer ese trabajo que cualquiera que tenía cuatro o cinco negocios como referencia para hacer un buen CV y ser tomada. Entonces recordó su plan . A Marta Argerich, diciendo que dormía de día y vivía de noche. Nadie le podía discutir nada, Marta representaba la cultura y era admirada en varios idiomas desde sus quince años, no  importaba que le tiemblen las piernas del pánico, no importaba que no tuviese amigos y se aburriese soberanamente dando conciertos por todo el mundo, sin gente joven a su alrededor, la cosa era que fue y es ,una pianista consagrada, y como si fuera poco, argentina, y como si fuera poco, no se teñía las canas , ni hacía dietas, ni nada, sólo era ella, después de mucho sufrimiento, de cortarse con un filo un dedo para no dar un concierto, de inventar excusas para no enfrentarse a situaciones que  leyendo a Gide se le presentaban como dignas de ser representadas.
Marta le había dado la idea, y no podía fallar. Ella tampoco se bancaba la luz diurna, ella quería desaparecer de la faz de la tierra, lo más sutilmente posible. Lógico que debía cumplir con deberes de madre soltera, eso lo tenía bien claro, y aunque la gata no fuese suya , sino de su hijo, también debería ocuparse de eso, si no quería que la despierte varias veces durante el día reclamando comida y piedraas para mear.
Así que tomó coraje y salió, con un gorro que la ocultaba, tenía, o le parecía, un rostro desfigurado por el llanto.
Compró todo y más, hasta un jabón de rosa mosqueta que no necesitaba pero que le dio tanto placer al olerlo que se lo regaló a sí misma.
LLegó y dejó todo sobre la mesa de la cocina, viendo en lo que se había convertido su casa durante los dos días que ella decidió quedarse en la cama, para recuperarse de su malestar: un asco.
Y ahí le vinieron ganas de llorar, miento, antes, al hablar con su hijo de los hombres y la obligación de soportar a las mujeres en su período , o su SPM, da igual, no podía creer haber educado a ese hijo, lo veía tan machista como la mayoría de hombres que ella aborrecía, dónde había quedado lo sagrado de la menstruación de las mujeres, ese estado de revolución hormonal que ninguna de nosotras queremos pero que viene tan inesperadamente como se va, y que nos vuelve frágiles, histéricas, desconfiadas, lloronas, a punto de sentir que no servimos para nada, absolutamente para nada.
Por eso, después de la charla lo hizo tender ropa, se aseguró que sepa centrifugar como corresponde, no sea que las pastillas  sean más poderosas de lo que ella imaginaba, le dio dinero para pasar dos días y poder comprar víveres, morir de hambre no moriría, eso estaba asegurado, y le avisó, que probablemente no despierte hasta el otro día, no tenía por qué, no había motivos. La gata y él tenían alimento asegurado, hacía frío, mucho frío, no tenía que trabajar, no tenía ningún compromiso con nadie. Vivir estaba demás. Así que se tomó sus pastillas, en un dosis que sabía perfectamente no la iban a matar, pero tampoco sería fácil despertarla, el domingo debía votar. El dormir debía extenderse hasta entonces, aunque no tenía ninguna esperanza de ganar, no dejaría que ese voto fuera para el candidato que odiaba con toda su fuerza, tan estúpida era, tan imprescindible se sentía, como si un voto más, un voto menos, podría cambiar el resultado de una elección que ya estaba resuelta. El efecto de las pastillas pronto comenzó a notarse y como en el quirófano, comenzó a sonreír. Al final, con poca surte, despertaría de noche. Y la vida no era tan peligrosa a la noche como a la luz de sol.

2 comentarios:

Mariluz GH dijo...

Hablan de la sensibilidad especial de los artistas; ese estar siempre fuera de todo lo establecido; la continua lucha por abandonar el rol que les han impuesto -desde la familia a la sociedad- cuando descubren los talentos que les harán (o han hecho ya) genios que dirigen a multitudes y marchan contra corriente de todos ellos. Hablan de aquellos que creando se destruyen y solo en esa destrucción encuentran el verdadero motivo para seguir creando, para seguir (mal)viviendo... es el estigma (como yo le llamo). Todos los artistas se enfrentan a los mismos demonios...

A mi me gusta leerte, Diana. Me gusta ver tus cuadros que no comprendía y ahora para comprenderlos me invento un significado hecho a mi medida... así que haz todo lo posible -y lo imposible- por seguir despertando ¿vale?

un abrazo y un beso ciber-espacial

D.Laurencich dijo...

un vez, querida Mariluz, me dijo alguien muy querido y que me quiere también mucho, me dijo, diana, cuando tú mueras, vas a morir tranquila, tienes no sólo un hijo, que te puede continuar al que le has dado tu vida, sino un capital de pinturas, poemas, novelas, guiones, videos, fotos y tantas otras cosas que quién sabe serán lo que mantenga a tu hijo , no te preocupes tanto por el ahora...desde ese entonces Mariluz, estoy como con una pata aquí y otra allá, sé que soy joven todavía, para subirme al tren, pero viajar siempre me ha gustado! un beso enorme, y me ha despertado mi hermano hoy para votar! veremos si os resultados dan para dormir un día más o para festejar!